lunes, 26 de mayo de 2014

Adolescente logra obtener ciudadanía en EU después de casi 15 años


Ante numerosas peticiones ante legisladores y un batallón de abogados, Cerrina Foster, después de casi 15 años finalmente tiene un país al que puede llamar hogar y cuenta con los documentos para demostrarlo.

El pasado viernes, la adolescente levantó su mano con otras 12 personas y juró lealtad a Estados Unidos en una ceremonia en una oficina federal.

Muchos se convierten cada año en ciudadanos naturalizados, pero el caso de Cerrina es distinto: siempre ha sido ciudadana estadounidense, pero nunca tuvo acta de nacimiento.

Cerrina nació prematuramente en 1999 durante una visita de su madre a México. Sus dos padres eran estadounidenses, pero debido a su nacimiento prematuro y algunas dificultades de idioma, no se le expidió la forma correcta para bebés nacidos en el extranjero de padres estadounidenses.

Nadie le dijo a su madre que esa forma era necesaria.

Cuando Crissy Foster trajó a su hija a casa en Longview después del nacimiento, el guardia fronterizo que les permitió el ingreso en Estados Unidos incluso la felicitó porque creía que la niña tenía doble nacionalidad automática, dijo la madre.

Sin embargo, Cerrina no tenía ciudadanía en ningún país, como supo pronto su madre.

Foster y Cerrina empezaron su epopeya cuando todavía vivían en Longview, se mudaron varias veces en un intento por encontrar autoridades más receptivas y ahora viven en Springfield, Oregon.

Estados Unidos no entregaría el acta de nacimiento a Cerrina sin los papeles correctos de México. Pero México tampoco hizo nada porque para la ley ella era estadounidense.

Al principio, el problema de los papeles parecía menor. Pero el caso de Cerrina se alargó. Fue necesario presentar una solicitud a la junta escolar de Mount Vernon y una teleconferencia con el entonces legislador Brian Baird para que Cerrina fuera inscrita en el jardín de niños.

La niña tampoco podía estar en la póliza del seguro de salud de su madre si no tenía acta de nacimiento.

Cada vez que la familia creía que estaban cerca de una solución, le ley cambiaba o se pedía de repente otra forma.

Mientras todo esto sucedía, Cerrina no podía obtener permiso de conducir como aprendiz, un empleo, ni siquiera ser voluntaria debido a no contar con un acta de nacimiento.

De no haberse resuelto esta situación, el asistir a la universidad no habría sido una opción.

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